Una ciudad sin niños; diseño urbano y ciudad

Este artículo tiene como objetivo reflexionar sobre las características de una ciudad feliz, vivible, sustentable y sobretodo saludable reconsiderando al elemento central que da sentido a la ciudad y que debería ser abordado como eje rector de los planteamientos urbanos: el usuario. En particular nos enfocaremos a los niños para los cuales en los últimos años el escenario de ciudad y su participación, vivencias y desarrollo en la misma han sido muy limitados. Existe una fuerte relación entre el entorno urbano y las actividades que los niños pueden desarrollar. Un trabajo doctoral[1] que incorpora una metodología de diseño urbano participativo con niños, identifica que actividades físicas como jugar, y convivir en un entorno seguro, iluminado, sensiblemente diseñado, accesible, que permita el acceso y convivencia de diferentes grupos, son prioridad. El fuerte vínculo de los niños con sus padres, adolescentes y adultos mayores se identifica también por lo que trabajar con niños en el desarrollo de la ciudad se vuelve `un punto de partida` para abordar a otros grupos sociales. Considerando el contexto actual de nuestras ciudades y la forma en la que los procesos de planeación y diseño se desarrollan, en la mayoría de los casos ajenos a las necesidades de estos y otros grupos, surge la siguiente pregunta: como urbanistas o como sociedad, ¿estamos favoreciendo el surgimiento de una ciudad sin niños?. En base a esto este artículo abordará tres temas fundamentales que invitan a la reflexión de como debemos de planear y diseñar nuestras ciudades de manera que los niños puedan desarrollar sus habilidades, capacidades y aspiraciones. Los niños en la ciudad, un tema de inclusión y equidad. En el año 2005 el 43% de la población infantil a nivel mundial vivía en zonas urbanas, que representan más de mil millones de niños, y se estima que para el año 2025 este porcentaje se incrementará al 60%[2]. Para México, los niños representan el 43.98% del total de habitantes, alrededor de 38 millones de niños. Promover la participación de niños como contribuyentes activos de vida comunitaria y de ciudad en los procesos de toma de decisión y desarrollo de políticas públicas actuales, es un tema central para países desarrollados y en vías de desarrollo[3]. Anteriormente se consideraba que los niños de las ciudades vivían mejor que los de las zonas rurales, esto debido a las mejores condiciones de salud y saneamiento; sin embargo, el progreso urbano -desigual y disperso- ha cambiado sus condiciones y calidad de vida. Actualmente vemos una disminución de su participación en la ciudad, espacios abiertos, parques, plazas y calles, los cuales ya no son amigables para este grupo. Los niños en la ciudad, un tema de salud. De acuerdo a la Organización Mundial de la Salud, México es el país número 1 en obesidad y sobrepeso infantil; enfermedades que afectan la productividad y funciones cognitivas de los niños. Esto está atribuido a dos principales factores: a la falta de actividad física y, a una deficiencia alimenticia. En referencia al primer punto, la actividad física está fuertemente ligada con la característica de los entornos inmediatos a la vivienda y la forma en la que estos favorecen estilos de vida más activos[4]. Una gran mayoría de la gente en las ciudades viven en lugares donde parques, plazas, áreas verdes son limitados, de mala calidad, o en el peor de los casos inexistentes. Esto afecta principalmente a grupos minoritarios y de escasos recursos. La presencia de una clara y accesible red de espacios públicos y otras actividades recreativas en contextos de ingresos bajos ayuda significativamente a propiciar un ambiente más activo para niños[5]; está implícito que una mayor actividad de niños en la ciudad puede incluso fomentar mayor convivencia y seguridad impactando también de manera positiva en la salud de los grupos con los que convive. Los niños en la ciudad, un tema de economía. De acuerdo al Instituto Nacional de Salud Pública, el gasto anual para los tratamientos de obesidad y sobrepeso ha crecido en los últimos años. Para el 2013 estaba estimado en 80 mil millones de pesos[6], impactando el ingreso familiar en un 10%. De acuerdo a la misma fuente, se estima que para el 2017 el gasto incremente a 150 mil millones de pesos. Este monto considera los gastos de los tratamientos los cuales sin duda generarán beneficios a quienes sean atendidos. Sin embargo, el tema medular es el de identificar diversas acciones, sistémicas, que permitan la prevención de la obesidad y sobrepeso, sobretodo en el grupo de niños. En algunas ciudades de Estados Unidos, por mencionar un ejemplo, el ministerio de salud trabaja de manera integral con los departamentos de planeación urbana, educación y organizaciones civiles haciendo mapeos de obesidad infantil en las escuelas primarias. Programas como “caminar a la escuela” [7] se implementan para inducir que los alumnos caminen a estos equipamientos en un entorno seguro con banquetas libres de obstáculos e iluminadas dentro de un perímetro de reducción de velocidad (no mayor a 30 kms/hr). Todo parte de un proyecto integral donde los gastos se comparten y se estratifican permitiendo atacar y prevenir al mismo tiempo el problema central de obesidad infantil además de fomentar estilos de vida más saludables. Poner a los usuarios en el centro de las tomas de decisiones es un tema de creatividad y prioridades[8]. Una ciudad diseñada pensando en los niños será una ciudad segura y atractiva para todos[9]. Pequeñas acciones, a corto plazo, son más importantes que las grandes intervenciones de ciudad. El ejemplo del programa de ´caminar a la escuela´ nos hace reflexionar sobre la necesidad de acciones integrales con responsabilidades compartidas sobre todo en entornos donde sabemos los niños suelen estar, como escuelas, parques, plazas y áreas verdes. Construir mejor infraestructura peatonal y ciclista también propiciará un entorno que favorece las capacidades de movilidad y desarrollo de este grupo. Aunque corta la intervención de este artículo, el objetivo es incitar a derribar las barreras actuales para grupos minoritarios dentro de los cuales se encuentran los niños. Se trata de priorizar los intereses generales sobre los particulares, y de enaltecer al ser humano en el desarrollo de nuestras ciudades.

[1] Gomez, C. (2006): Tesis doctoral: Desarrollo de estrategias para involucrar a grupos vulnerables en los procesos de regeneración urbana. Oxford Brookes University.

[2] Fuente: UNICEF: http://www.unicef.org/mexico.

[3] Fuente: Percy-Smith, B; Thomas, N (2009): A handbook of children and young people´s participation: perspective from theory and practice. Routledge.

[4] Fuente: Urban Land Institute (2013): Ten principles for building healthy places. Washington, D. C.

[5] Fuente: Active living research (Nov, 2011): Building evidence to prevent childhood obesity and support active communities. Do all children have places to be active? Disparities in access to physical activity environments in racial and ethnic minority and lower – income communities.

[6] Fuente: Instituto de Salud Pública: http://www.insp.mx/noticias/nutricion-y-salud/1817-80-mil-millones-de-pesos-gasto-estimado-por-obesidad-y-sobrepeso.html

[7] Fuente: http://americawalks.org/

[8] Gehl, Jan (2010): Cities for people. Island Press. Denmark.

[9] Fuente: Director Ejecutivo de Ciudades 8-80: http://www.8-80cities.org

La autora del artículo es la Dra. Célida Gómez Gámez, académica del Departamento de Arquitectura de la Ibero especializada en temas de espacios públicos.

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2 comentarios en “Una ciudad sin niños; diseño urbano y ciudad”

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